Los usos de la inteligencia artificial (IA) se extienden a diversos aspectos de nuestra realidad con potenciales aplicaciones que van desde el diseño de patrones de comportamiento social, la predicción de fluctuaciones económicas o el tratamiento de datos para el desarrollo de medidas políticas en tiempos de crisis. Todo ello nos muestra un porvenir futurista que aún seguimos viendo como una película de ciencia ficción, quizás en gran parte, debido a la abundancia de explicaciones y el uso de términos que nuestras mentes aún no son capaces de trasladar a un plano tangible.
La fotografía es, sin duda, la forma de arte más vulnerable a los trastornos c ausados por la IA. Antes de que se disparara, muchos fotógrafos ya se enfrenta ban a una oferta desbordante de imágenes digitales, y en la actualidad la IA amenaza con automatizar gran parte del trabajo de los profesionales, en especial en sectores comerciales como los bancos de imágenes, el retrato y la fotografía de productos.
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